
A pesar de tener otra familia, mi abuelo nunca se desentendió de mi abuela y las dos hijas que tuvo con ella. Siempre se mantuvo cerca y les dio el soporte que necesitaban ellas tres incluso hasta que fueron adolescentes.
Estudiando en Hong Kong fue que mis padres se conocieron, y después que mi padre vino a República Dominicana, mantuvieron su amistad por cartas.
Mi tía, quien es varios años mayor que mi madre, se casó y se fue a vivir con su marido a Cuba hasta que varios años después tuvieron que abandonarlo todo y venir también a Rep. Dominicana, huyendo de la revolución.
Luego mi padre fue a Hong Kong a pedir la mano de mi madre, viniendo ambos a casarse aquí. Mi abuela se quedó en Hong Kong durante varios años más, hasta que sus dos hijas pudieron reunir el dinero para traerla a vivir con ellas.
Mi abuelo materno, con su otra familia, emigraron a Canada buscando mejores condiciones de vida también. Allí vivió hasta su muerte. Mis otros abuelos vivieron sus últimos días aquí, junto a todos sus familiares.
Mis padres tuvieron 4 hijos varones, de los cuales soy el segundo. Vengo de esa historia que les he contado, tan larga hasta llegar hasta mis hombros, y tengo la responsabilidad de que ese sacrificio no haya sido en vano. No puedo darme el lujo de la mediocridad, porque no fue para eso que mis antepasados me trajeron hasta aquí. Y cuando alguien me señala con el dedo le pregunto: “Y tú, cuál es tu historia?”
Esta es la mía y es la que corre por mis venas.
F I N.